La diversidad es una característica intrínseca de los grupos humanos, ya que cada persona tiene un modo especial de pensar, de sentir y de actuar, independientemente de que, desde el punto de vista evolutivo, existan unos patrones cognitivos, afectivos y conductuales con ciertas semejanzas.
Una de
las características básicas de nuestra sociedad es la pluralidad. Vivimos en
una sociedad en la que confluyen diferentes tradiciones, culturas, lenguas,
formas de organización y prácticas sociales, creencias y valores que
interaccionan entre sí, aunque no siempre de forma pacífica.
La
realidad social y cultural se refleja en las instituciones educativas, cada vez
es más manifiesta la complejidad en los contextos escolares actuales. Es por
esto que se evidencia la necesidad de optar por una educación abierta para la
diversidad, poniendo en juego un pensamiento multidimensional, que contemple y
comprenda las diferencias, aceptando la diversidad y la heterogeneidad como
componentes de la realidad actual.
De
este modo, la diversidad se convierte en un reto, en un desafío pedagógico que
implica todas las dimensiones del proceso educativo, y permite la oportunidad
de desarrollos peculiares dentro de un marco común.
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